
Conocí a Jorge Giordani como compañero del V Curso de Posgrado del Cendes en la UCV. Ya entonces era un señor mayor por su comportamiento pausado y con sonrisa comprensiva de veterano. Ese curso nuestro tenía su fracción revolucionaria, de la cual yo formaba parte, en el marco de las luchas que entonces eran recientes por la Renovación Universitaria. Era el tiempo del primer gobierno de Caldera que le puso la mano a las universidades autónomas, allanó la UCV dos veces y destituyó a los que éramos miembros del Consejo Universitario -yo era delegado estudiantil- junto al rector Jesús María Bianco-. En ese marco, en 1970, iniciamos nuestro curso de posgrado. El otro sector de nuestro pequeño curso era más aplomado, con gente más tranquila, dentro de las que destacaba Giordani. Las querencias de este se dirigieron hacia el naciente MAS pero con la misma parsimonia que lo distinguía. Al cabo de los años ocurrió la mutación: el hombre se convierte en radical desencajado, convierte al Cendes en su cubil y se transmuta en un personaje que llegó a ser conocido como "El Albanés".
No tuve los detalles de esta mímesis que convierte al apacible Jorge en el furioso Enver Hoxha. Más adelante, supe que había peregrinado a Yare a conocer a quien entonces se perfilaba como un extraño íncubo que las fuerzas del orden habían recogido en el Museo Militar una madrugada de felonías. Allí parece haberse trabado la relación maestro-discípulo que tanto ha empachado a la comarca. El hombre del laboratorio teórico del Cendes por fin encontró al Benefactor de la Patria que iba a poner en práctica ideas, proyectos, alucinaciones y ardores. Baste recordar el Eje Orinoco-Apure que a estas alturas debería ser el Eje Orinoco-Amazonas-Danubio-Volga-Yangtzé. El hombre tuvo sus desencuentros muy serios con miembros del gabinete de Chávez, al punto de que uno de ellos -sí, un miembro del Gabinete- me confesó que salir de Giordani era una prioridad para relanzar la economía. Salió, regresó; salió, regresó; y se quedó.
Cuando yo era el director de la revista Primicia lo entrevisté en su despacho de ministro. Me recibió con cordialidad; con picardía me recordó mis tiempos de revolucionario, como para decirme -así lo entendí- tú tienes que estar de nuestro lado. Fue una entrevista amplia, tan franca que quedamos en hacer una segunda parte. La publicamos tal como fue, sin quitarle ni ponerle nada, pero provocó una reacción generalizada de guasa por ciertas actitudes un tanto delirantes reflejadas en el texto, pero que las dijo Giordani -y se grabaron- en amigable conversación. No hubo segunda entrevista; nunca más me atendió el teléfono.
Supe por la prensa de sus teorías. La del submarino que comenzaba a emerger de las profundidades. Más adelante lo he visto actuar con un odio terrible, inimaginable en aquel tranquilo amigo de los 70. Ha llamado escoria a quienes se oponen al Gobierno. He sabido que por su voluntad y real gana los cuatro directivos de Econoinvest están presos. Giordani tiene sus presos y por ser suyos nadie los libera.