A Miguel Osío Zamora, Director de Econoinvest, a quien le invirtieron la presunción...

El hombre en su afán de vivir se vuelve egoísta, transforma la cotidianidad del instante en una vacuidad del ser en que solo le importa aquello que puede serle útil o cree, falsamente, que le da utilidad. Egoísmo puro.
Un egoísmo que aísla, que hiere cuando olvidamos a quienes nos rodean, que congela la calidez de lo fraterno y se convierte en ponzoña destructiva.
Es necesario hacer un alto, elaborar un balance de lo vivido, sacar el activo de lo extraordinario que nos deja la interacción abierta de quienes aún, en lo pasajero del momento y en la fugacidad de la existencia, nos dejan una impronta. También tratar de determinar el pasivo corrigiendo errores, la dejadez que da el olvido o la indiferencia ante quienes ese egoísmo del diario vivir se ha quedado en un rincón careciendo que a nosotros puede sobrarnos.