viernes, 27 de julio de 2012

La inflación y Econoinvest, por Luis Beltrán Petrosini


Si existe algún tema en materia económica que ha sido analizado y debatido en forma exhaustiva, es el de la inflación. Sus causas y consecuencias, así como la forma de combatir tan nefasto fenómeno para la sociedad en su conjunto, constituyen todo un auténtico compendio en la literatura económica desde hace varias décadas. Sin entrar en el examen de las teorías que abordan el tema, solo destacaría el hecho cierto de que, además de las variables económicas que inciden en el comportamiento de los precios en una economía, otro tipo de variables -no económicas- tienen una importancia fundamental en la forma cómo fluctúan esos precios.
Es ineludible destacar que factores como la polarización ideológica y la inestabilidad política, la escasa libertad económica, el exceso de controles, la exacerbación del clima político, la debilidad y poca autonomía de las instituciones públicas, la falta de seguridad jurídica y, muy especialmente, las expectativas futuras de los agentes económicos sobre el comportamiento de los precios tienen una influencia tan importante como la congruente continuidad y correcta aplicación de las políticas monetaria, cambiaria y fiscal.
Es ya una convención generalizada y, por demás aceptada internacionalmente, la de atribuirle al Banco Central como objetivo fundamental de su actuación la preservación del valor interno y externo de la moneda nacional. En otras palabras, la institución debe tratar de evitar la recurrente escalada de los precios, léase inflación, y lograr la estabilidad cambiaria.

La Constitución de 1999 reconoce esos objetivos para el Banco Central de Venezuela y puntualiza que las "competencias monetarias del Poder Nacional serán ejercidas de manera exclusiva y obligatoria por el Banco Central". Sin embargo, hay que reconocer el hecho de que en una economía petrolera como la nuestra donde las exportaciones petroleras ejercen un peso tan preponderante en las variables macroeconómicas, es poco lo que la política monetaria puede incidir en el control de la inflación.
Lo cierto es que no ha habido política económica, fiscal, monetaria o cambiaria, que haya logrado controlar ese auténtico tormento para los venezolanos que es este inclemente aumento de precios que nos atormenta cotidianamente.
Pero, ¡oh sorpresa!, no contábamos con la astucia de un personaje que finalmente ha logrado dar con el quid del problema. Lo escuché de algunos presentes en la sala donde se celebra el juicio por el caso Econoinvest. Me comentan que haber causado este flagelo, el de la inflación, es uno de los argumentos esgrimidos por el fiscal encargado por el Ministerio Público para acusar a los directivos de la casa de bolsa en el proceso que, por fin, aunque tardíamente, se inició para aclarar los hechos que mantienen a estos ciudadanos indebidamente en prisión desde hace más de dos años, circunstancia ésta que, además, constituye un clarísimo ejemplo de las razones por las cuales en distintos foros internacionales, desde instituciones como Human Rights Watch hasta una comisión técnica de las Naciones Unidas, cuestionan severamente el accionar del sistema judicial venezolano.
En un alarde de imaginación y, seguramente, de muy vastos conocimientos económicos, el ciudadano fiscal ha acusado a Econoinvest de ser uno de los responsables de la inflación ocurrida en Venezuela en los meses previos a su intervención. Lo curioso es que, en ese período, la mayoría de los presidentes del orbe y de expertos economistas de diferentes países y distintas escuelas de pensamiento coincidieron en atribuirle a otras causas el incremento de este fenómeno: el alza de los precios de las materias primas y de los alimentos, la recesión que se iniciaba, la crisis del sistema financiero, fueron, entre otras, las razones invocadas.
Hasta el propio presidente Chávez se refirió a la crisis económica mundial para explicar el fenómeno inflacionario en el país. Pero en un tribunal de Caracas, a un iluminado -fuerte candidato desde ya al Nobel de Economía- se le ha ocurrido que una sola casa de bolsa entre más de cien, fue capaz de incidir en la escalada de precios que hemos sufrido en los últimos tiempos. Basta un muy simple argumento para constatar la magnitud del disparate. Quien se tome el trabajo de escudriñar en los informes del Banco Central de Venezuela cuáles fueron los niveles de incremento en el Índice de Precios al Consumidor en los cuatro años previos a la intervención de Econoinvest, podrá constatar que fueron inferiores a los que hemos tenido en los dos años posteriores a esa intervención.
Ni siquiera vale la pena considerar el impacto que las operaciones de esta casa de bolsa podrían haber tenido en el mercado cambiario para que hubiese un efecto en los precios, cuando sabemos que los dólares que un importador pudo obtener por esta vía iban destinados, en una inmensa proporción, a la importación de artículos de carácter suntuario que poca influencia podían tener en la inflación. En otras palabras, el alza en el precio de los relojes suizos de lujo, en las prendas de vestir y zapatos de marca a los que la boliburguesía y algún que otro funcionario público se han aficionado tanto en los últimos tiempos, poco pesan en la generalidad de los precios de los bienes que adquirimos los ciudadanos comunes y corrientes.

Quinto Día, 27/07/2012, 7